viernes, 3 de abril de 2020

“Viernes de Dolores”: Solemnidad de la Dolorosa del Calvario, en Jerusalén.


Paz y Bien.

Siguiendo la tradición de Tierra Santa, con la celebración de la solemnidad de Santa María Dolorosa del Calvario, comienza la Semana Santa en la basílica del Santo Sepulcro.

Gracias al "Status Quo", la tradición de la Custodia de Tierra Santa sigue colocando esta solemnidad el viernes anterior al Domingo de Ramos, establecida en esta fecha por Benedicto XIII el año 1727, y después trasladada al 15 de septiembre durante el concilio Vaticano II. En el Santo Sepulcro está viva la solemnidad preconciliar recordada como la solemnidad de los Septem Dolorum Beatae Mariae Virginis (Los Siete Dolores de la Santísima Virgen María), que se celebra en el altar dedicado a ella, en la parte que separa la propiedad de los griegos ortodoxos de la de los latinos, en la capilla del Calvario.  
Los siete dolores de María son citados en el Evangelio en medio de la narración de la Vida de Jesús:

* La profecía del anciano Simeón sobre Jesús, y el dolor de María (Lc, 2, 34-35) 
* La huida de la Sagrada Familia a Egipto (Mt, 2, 13-21)
* La pérdida de Jesús durante tres días en el templo de Jerusalén (Lc, 2, 41-51)
* El encuentro entre María y Jesús, en la Vía Dolorosa (Lc, 23, 27-31)
* María contempla el sufrimiento y la muerte de Jesús en la Cruz (Jn, 19, 25-27)
* María acoge en sus brazos a su Hijo muerto, descendido de la Cruz (Mt, 27, 57-59)
* María deja el cuerpo de su Hijo en el Sepulcro (Jn, 19, 40-42
A las puertas de la Semana Santa, que María sea nuestro faro y consuelo de nuestras penas: nadie como Ella lleva mejor el nombre de Madre Dolorosa. En estos momentos tan difíciles, en nuestro mundo tan desorientado, Madre Dolorosa... ruega por nosotros.
ORACIÓN
Dios nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo estuviera a su lado junto a la cruz, participando en sus sufrimientos, concede a tu Iglesia que, asociada con María a la pasión de Cristo, merezca también participar en su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén